martes, 7 de junio de 2011

Aunque sea mona. Cosas de doña Mina Cabezas



Doña Mina, mi suegra, que en paz descanse, tenía una actitud frente a la vida realmente aleccionadora.  

A ella le tocó bailar con la más fea en muchas cosas como vivir la crisis del 28 con un niño recién nacido y su marido en el extranjero, sin trabajo e intentado sobrevivir a como pudiera.  La muerte de su hijo menor por sarampión que se disfrazó de escarlatina, enfermedad que todos estaban pasando en ese momento.  Estas pestes han quedada atrás con las vacunas pero no desterradas del todo lamentablemente.

Todo esto no le produjo ninguna amargura sino aprendió a disimular o sobrellevar sus problemas sin que nadie se diera cuenta, por eso no aceptaba que nadie se quejara en su presencia con un Nada de malas noticias, me cuentan cosas simpáticas o se callan.  

Le gustaba reírse de ella misma pero mejor si era del resto.  Disfrutaba las bromas y más aún hacerlas y muchas veces llegaron demasiado lejos en este sentido.  Para muestra un botón.

Doña Mina, hermanos, hijos, nueras, amigos, familiares y medio barrio se juntaban en su casa los días sábados a jugar cartas con pequeñas apuestas para ponerle salero, nada del otro mundo.  En ese tiempo había una situación política complicada y eventualmente se allanaban las casas buscando armas, persiguiendo comunistas o fantasmas y dependía muchas veces de algo tan ilógico como que un vecino tuviera un disgusto con otro para denunciarlo de cualquier cosa que hiciera merecedora a esa casa de una búsqueda y requisa.

Como comentaba, estaban en uno de esos sábados cuando llega Bernal, el más desastrozo de mis cuñados y golpea la puerta y en forma estentórea dice ABRAN LA PUERTA, ESTÁN RODEADOS y dentro de la casa todo el mundo a correr al patio, saltar tapias, buscar cómo desaparecer naipes y cigarros porque licor si no había y los que allí quedaron estaban como un auto en mínima, solo temblores.  Entonces él hace su entrada triunfal y mientras uno de los vecinos cayó en el pozo séptico de otra persona porque lo estaban limpiando.  Hasta el día de hoy, al menos 50 años después no pueden hablar de la risa que les causa esta anécdota.

Ya que doña Mina tenía tres hijos hombres y solo una hija otra de sus máximas fue Si uno de mis hijos se enamora de una gorila, bienvenida a la familia.   Por eso, en las disputas familiares ella tomaba partido por las nueras y si estaba de acuerdo con su hijo simplemente no decía ni una palabra.

viernes, 3 de junio de 2011

No reserven nada del cognac

Mi cuñado tiene  más cuentos, aventuras y desventuras que Simbad el marino, Sandokan, Indiana Jones y Mc Guiver juntos. 

Un día estaban él y mi marido conversando sobre fiestas, comidas, licores  y Edgar contó que tenía un coñac de muy buena factura y que, como la guinda del postre, lo tomaba solo después de alguna comida de todo su gusto o en ocasiones muy especiales.

Bernal le refutó diciendo con todas sus ganas “¡¡No seas tonto!!  Tómalo sin necesidad de una ocasión especial.  Mira: cuando me casé con Anita (una viuda de muy buen ver) en su casa encontré cinco botellas de muy buen coñac que su marido se había traído de Francia e hizo lo mismo que tú, tomar un traguito de  vez en cuando, ¿y quien se tomó el coñac? ¡¡Pues, YO!!”

Debido a esta anécdota en la familia, cuando alguien está enfermo le dicen que mejor se tome el coñac.





Leí una nota en el blog de AleMamá y recordé una anécdota que le ocurrió a Edgar cuando vivía en Italia.

En esas calles angostas, llenas de autos estacionados la mayoría y el resto circulando, peatones y turistas nunca muy cumplidos en países ajenos, todo el mundo en su quehacer y el corre-corre habitual pasa una stationwagon llena de monjas a mayor velocidad de la esperada y dobla contra el tránsito, a la izquierda.  Un italiano con mucha gracia y después de dar un salto para no ser atropellado les grita: 
_Hermana, recuerde, el clero por la derecha.

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